Pasión por las Orquídeas

  La única vez en mi vida que escuché hablar de orquídeas fue durante mi infancia, una vez que se me ocurrió preguntar -en esa serie de interrogantes tan característicos de la niñez donde todo empieza con por qué, cuándo y cómo- ¿cuál era la flor más cara de todas?: “La orquídea”, me respondieron.

Satisfecho con la respuesta, no volví jamás a investigar sobre esta clase aristocrática de flores, pero cuando llegué a Miami me vi rodeado por miles de orquídeas en las calles, tiendas, revistas y exhibiciones.

Asombrado por tanta fascinación, comencé a hacer preguntas y no paré hasta encontarar una respuesta definitiva: “La orquídea es un vicio”, me dijo Aleida Álvarez y luego me vendió una por 20 dólares.

El primer contacto con ellas -y con la pasión que son capaces de generar- se lo debo a Simon Watts, colega del servicio en inglés de la BBC, que regresaba a Londres cuando yo aterrizaba en Miami.

Antes de partir, Simon inspeccionó las casas y jardines de sus compañeros de trabajo y luego de una concienzuda evaluación les heredó sus orquídeas. “Las compré cuando llegué, calculando que perderían sus flores cuando yo me fuera”, dijo con sobriedad británica y tomó su avión.

 Recordé entonces mi curiosidad infantil y busqué información sobre las orquídeas en internet: “Conforman la familia más extensa del reino vegetal”. “Ninguna familia de plantas tiene una tal gama de flores tan diferentes”. “Es la planta con más coleccionistas del mundo, reunidos en sociedades y clubes”.

 A tal punto están consideradas como la culminación de la evolución floral, que Charles Darwin las llamaba “mis amadas”.

Supe también que sólo existen dos ambientes en el planeta donde no prosperan, los polos y los desiertos, lo cual me recordó mucho a nuestras propias elecciones de lugares en el mundo, y que se calculan unas 25.000 especies y casi 100.000 híbridos registrados en la Royal Horticultural Society.

“Se dan muy bien en este clima, aquí en Florida tenemos bastante humedad, algunas de ellas aman el sol, otras no tanto, pero a todas les gusta la humedad”, me contó Alex, quien atiende un negocio de orquídeas en Coral Gables.

Alex también me dijo que existen varias especies nativas de la zona, que la región tiene generaciones y generaciones de cultivadores y que hubo una vez una atracción llamada “Orchid Jungle” (Jungla de Orquídeas) que la gente visitaba como un Jardín Botánico (al lugar lo cerró Andrew, el huracán que barrió con todo en agosto de 1992).

Florida también tiene a John Laroche, el coleccionista de orquídeas que fue retratado por la periodista Susan Orlean en un artículo del New Yorker, que luego se convirtió en libro (“El ladrón de orquídeas”) y luego en película (Adaptation).

En su nota para el New Yorker de enero de 1995, Orlean dice que “generalmente hablando, las orquídeas parecen volver loca a la gente. Aquellos que aman las orquídeas las aman de forma irracional”.

La periodista, que en el filme es interpretada por Meryl Streep, recuerda también el diálogo que tuvo con un coleccionista de estas flores de origen guatemalteco. “Él me dijo: ‘Uno puede unirse a Alcohólicos Anónimos para dejar de beber, pero una vez que uno se mete con las orquídeas no puede hacer nada para salirse'”.

Miami, mejor dicho la esquina de Coral Way y la 25, cuenta también con Aleida Álvarez, que -según cuenta su leyenda- fue la primera que comenzó a vender orquídeas en las calles de la ciudad.

Unos 13 años atrás, avisada por una amiga que el vivero de Homestead estaba desechando orquídeas y bromelias debido a la superproducción, esta cubana de sonrisa generosa se hizo de sus primeras flores. Pero el negocio no prosperaba y los primeros años se deshojaban en pérdidas, hasta que -por requisito municipal- adquirió un carrito con ruedas y dejó de venderlas sentada en el cordón de la vereda. Allí la suerte cambió.

¿Qué aprendió de las orquídeas en todos estos años? “Aprendí que puedo vivir de ellas”, me dijo con una sonrisa y luego profundizó:

“Es un vicio. Las personas compran una y luego las siguen comprando. Yo aún las adquiero en el vivero de Homestead. Ya no tiran desde que hace unos 8 o 10 años la gente comenzó a comprarlas cada vez más. Ahora las tienen que traer de Orlando y de otras partes de Florida”.

Aleida las adquiere todos los lunes, las planta en su casa, las trata con su arma secreta (“el aire acondicionado, les encanta el aire acondicionado”) y las vende viernes, sábado y domingo. El único motivo para ausentarse uno de estos días es la presencia en Miami de alguna exposición de orquídeas.

“Me paso un día entero en un show y me pasaría más si no tuviera que venir al puesto a vender”. Las flores que compra en esas ocasiones por unos 40 o 60 dólares no las vende, sino que las colecciona en su casa.

Yo, que en mi vida sólo compraba flores para el día de la madre o el cumpleaños de una novia, debo decir que las orquídeas me parecen increíblemente hermosas y que su belleza tiene algo de enfermiza, de necesidad, de dependencia…

Antes de terminar la entrevista, Aleida me entregó unas orquídeas blancas recién florecidas por 5 dólares menos de su precio habitual. ¿Consideración por el recién llegado al club? No, para nada. Simple introducción al vicio. fuente

One response to this post.

  1. Posted by I.M. Kok-Fraai on February 19, 2013 at 7:23 pm

    Me gusta muchas las orkideas,, Yo vivo en Curazao, i aki es demasiado calor hopi sol.
    Se venden las orkideas aki bastante caro, pero si te gusta, tengo comprar. En holanda estan mas barato, pero loque visto es muy linda.

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